Nuestro primer hijo nació por una cesárea muy traumática y sabíamos que este segundo embarazo necesitábamos un parto vaginal, anhelaba con todo mi corazón que fuera parto natural, era un anhelo profundo, visceral, desde mis entrañas. Sentía que mi cuerpo lo necesitaba.
Al inicio me atendí con la doctora Nereida Morales de la clínica INDISA y del equipo @gestaryparir, el embarazo fue de alto riesgo con diabetes gestacional y muchos malestares, luego por problemas con la ISAPRE tuvimos que cambiar de clínica y de equipo, entonces estaba con 33 semanas con la incertidumbre de si algún equipo me aceptaría.
Llegue donde el doctor Andrés Santini y la matrona Loreto Cabrera en la Clínica Santa María, quienes desde un inicio me apañaron full e incluso me animaron a confiar en mi cuerpo. Loreto en una consulta ante mis miedos y dudas me dijo: “mentalízate que será parto vaginal, tu puedes”. Wow…, tenían tanta fe en mí, más de la que yo tenía en mí misma. Eso me marcó profundamente. Me llené de esa energía: si se podía, lo lograríamos; y si no, sabía que se haría todo lo humanamente posible.
Todo iba bien, pero nunca inicié trabajo de parto, solo tenía contracciones muy débiles. Por la cesárea anterior no podíamos esperar más, así que al llegar a la semana 40 optamos por una inducción con balón de Cook (balón intracervical para inducción de parto).
Había tomado el curso completo de preparación al parto en @gestaryparir y llegado el día de la inducción puse en práctica todo lo que nos enseñaron, y me mentalicé como vencedora, cada contracción la disfrutaba, sentía la satisfacción de saber que estaba mas cerca de la meta, en mi mente no existía la posibilidad de fracaso. 12 horas después ya estaba en 4 cm. Luego mis amadas contracciones se detuvieron por completo, así que continuamos con oxitocina suave. Volvieron las contracciones, cada vez más intensas. Yo estaba en la gloria, acercándome a mi sueño.
Con 8 cm llegaron malas noticias: la Lore me dice que el bebé no bajaba, estaba mal posicionado, y además el cuello uterino tenía un borde grueso que impedía el progreso. Antes de que me desmoronara, me miró con tanta confianza y seguridad y me dijo: “ponte anestesia, confía en mí», le dije: “ok Lore, confío en ti, démosle». Me pusieron anestesia, me sentí mal, bajó mi presión y comencé a vomitar, pero en segundos el equipo me estabilizó con medicamentos. El bebé estaba bien. Y entonces Lore me dijo: “vamos a seguir intentando». La amé infinitamente en ese momento.
Ella comenzó a trabajar manualmente en mi cuello uterino para disolver ese borde, y luego a intentar rotar al bebé manualmente. Ahí estaba yo, pujando en cada contracción, con mi esposo en mi espalda, los tres intentando ayudar a nuestro hijo a encajarse. Fueron horas, estábamos exhaustos, pero siempre animados. Durante todo el proceso, Lore no dejó nunca de hablarnos con palabras positivas, llenas de fuerza, era como una coach incansable, con una energía infinita que me inspiraba profundamente. Luego de muchos pujos lo logramos posicionar, un milagro de una matrona experta.
Seguimos avanzando en dilatación. Llegó el doctor Santini y, justo en ese momento, el bebé volvió a desposicionarse, pero ellos no se rindieron, ni yo tampoco lo haría, empezamos todo otra vez. Ahí estaba yo nuevamente, pujando con un pie en el pecho de cada uno de ellos, más mi esposo en mi espalda, en cada pujo el bebé giraba unos milímetros, quería llorar pero de emoción del nivel de entrega, compromiso y amor de ese equipo. Yo no sé cuánto tiempo pasó pero creo que todos transpiramos, ellos iban cambiando de mano y de lado porque fue un trabajo de equipo brutalmente potente. Y claramente lo logramos!
Aquí ya pasamos a pabellón y seguí pujando, y en cada pujo el bebé descendía apenas unos milímetros, después de varios pujos se asomó la cabeza. Pude tocarlo. Fue maravilloso. Luego salió la cabeza y mi esposo me dijo: “amor, está pasando”. Sale el cuerpo y el doctor me sorprendió con el mejor regalo que pude imaginar, me permitió recibirlo con mis propias manos, algo que nunca imaginé vivir, pero para mí fue tan impactante que grité “¡Lo logré! ¡Lo logramos!», y lloré, lloré, lloré, la Lore me abrazó y lloró conmigo, Santini me abrazó, me felicitó y me dijo unas palabras muy lindas, mi esposo también llorando, todos estábamos muy emocionados y felices , yo seguí llorando por horas y la Lore siguió ahí conmigo, abrazándome.
Andrecito nació a las 20:41 hrs, pesó 3,780 gramos y midió 51,5 centímetros.
La verdad, yo quería un parto vaginal, pero obtuve mucho más que eso, obtuve una de las experiencias más sublimes que recordaré toda mi vida. Doy gracias a Dios por todo lo que ha hecho por mí, a mi amado esposo Andrés que es mi pilar fundamental, que me apoyó todo el tiempo y nunca flaqueó, a Santini que confió siempre en mí, y a la Lore una seca, es una guerrera imparable, que además se dio el tiempo de sacar unas fotos maravillosas.
Muchas gracias al equipo, que dio todo por mí y luchó a mi lado codo a codo, sin rendirse. Un equipo de expertos con una vocación admirable. Sin ellos, no podría haberlo logrado.
Y también agradecer a la matrona Carolina González, quien fue quien me recomendó a este tremendo equipo.
Sigo en las nubes.
Relato de parto de Dafne.
Fotografía autorizada.
Tribu GYP